CÓMO CATAR UN VINO

Hay una gran diferencia entre probar y catar un vino.  Los sentidos que tenemos se ponen a prueba y todo comienza a transformarse en una experiencia sensorial.  Por eso a la hora de degustarlo puede que le sean útiles estos consejos.

 Vista: El color puede ser una buena manera de descubrir la edad en un vino.  Un tinto de rojo brillante y de tono intenso y profundo puede indicarnos juventud y fortaleza.  Por su parte, una visual más opaca y con bordes color teja es una clara señal de envejecimiento.

 Olfato: A través de aquella percepción podremos identificar en principio los componentes frutales básicos de cada cepa y aromas secundarios como provenientes de la barrica –como tostados, entre otros- y cuando se tiene más experiencia en la degustación, el estilo que le imprime el enólogo.  También sirve para identificar defectos –manzana rallada es señal inequívoca de un vino oxidado- y por supuesto, encontrar el gusto personal

 Paladar: Lo primero es fijarse en el ataque del vino.  En la entrada de la boca.  Son dos o tres segundos, donde sentirán por lo general los aromas dulces.  Luego cuando el vino lleve unos cinco a diez segundos en la boca, notarán su evolución al aparecer las notas ácidas, amargas y saladas.  Y también los famosos taninos que percibirán en toda la boca, que son señal de la fineza o potencia que puede tener el vino.  Al final fíjense en su persistencia, o sea, lo que queda tras la degustación.

 Cómo servirlo: El servicio siempre va a depender de la ocasión y el comensal que tengan al frente.  Pero sea cual sea el momento, no olviden cuidar su temperatura: el frío en exceso disminuye sus cualidades aromáticas y al gusto, mientras el vino muy cálido exacerba la sensación alcohólica.  Luego, el ideal es que lo sirvan como un chorro continuo.  Que fluya.  En ese sentido, también es recomendable que la botella no toque el borde de la copa.  Además, ésta debe llenarse hasta más o menos un tercio de su capacidad, para de esta manera apreciar mejor sus aromas.

 Cómo guardarlo: A los vinos la luz solar los afecta, lo mismo que la humedad –o sequedad- excesiva.  Es por eso que saber dónde almacenarlos importa.  Un espacio como un sótano o una bodega de departamento suelen ser buenos dada su temperatura.  También un clóset en algunos casos.  De este modo las botellas mantendrán sus cualidades, evitando sorpresas desagradables al descorcharlos, como la oxidación o el avinagramiento del vino.  Lo más recomendable es que las botellas reposen bajo condiciones de humedad (70%) y temperatura (14º y 16º) constantes, con botellas puestas de manera horizontal para preservar la humedad del corcho.

 *Extraído del libro Mesa de Cata de la Guía de Vinos 2012

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